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Mujeres de lucha

Mujeres trabajando en fábrica

Durante la pandemia, más de un millón de negocios tuvieron como propietarios a las mujeres.

Durante la pandemia, la participación de la mujer en el PBI nacional fue de 24 %. Pese a ello, continúan siendo ninguneadas e invisibilizadas por causa del machismo.

En el Perú los éxitos de las mujeres son muy poco conocidos por culpa del machismo. Basta revisar los libros de historia para darnos cuenta. Pese a esa cruda realidad, las mujeres han sabido salir adelante. Por ejemplo, durante la pandemia, 1 331 000 pequeños y medianos negocios, que dieron empleo a más de 4 850 000 personas, tuvieron como propietarios a las mujeres.

En el presente informe, conozcamos la historia de dos mujeres que, pese a los obstáculos que tuvieron enfrente, lograron salir adelante a base de esfuerzo y perseverancia.

“Por la pandemia cerré el negocio y me separé de mi esposo”

Aurora Rojas es natural de Moyobamba. Desde pequeña ella gustó de la cocina. Las personas que han probado su sazón, aseguran no haber probado antes platos tan ricos como los que prepara Pocha, sobrenombre como la conocen a Aurora.

Con 17 años Aurora fue enviada a Lima para que estudiara enfermería. En la capital ella vivía a las justas. Sus padres, que son agricultores, apenas le enviaban dinero para pagar el cuarto, la pensión y los pasajes.

Un día caminando por la ciudad Aurora vio en la ventana de un restaurante un letrero donde estaba escrito que precisaban urgentemente de un asistente de cocina. Sin nada que perder se acercó al mozo y le preguntó por el aviso. Este tras mirarla de arriba abajo le dijo que esperara un momento. Que iba a avisar a la administradora.

Tras cinco minutos de espera, una señora de rasgos andinos se acercó ante Aurora y le preguntó mirándole fijamente a los ojos si tenía experiencia de cocina. A lo que ella respondió, algo nerviosa, que sí.

Aurora en su natal Moyobamba, donde sus padres son agricultores.

Estarás a prueba por un mes, le dijo la señora. Aurora se quedó trabajando en ese restaurante 10 años.

Cuando cumplió 30 años, Aurora decidió abrir su propio negocio. Ya se había casado hace 5 años y fruto de ese matrimonio tenía una linda hija.

Con la plata que ahorró como cocinera, alquiló un local y se compró mesas, una cocina y todas las demás cosas que precisaba su negocio.

Al inicio, narra, apenas salía para pagar las cuentas. Que vivió así por lo menos un año. Sin embargo, con perseverancia comenzó hacer crecer su negocio hasta que llegó la pandemia. “Encerrada sin poder trabajar, tuve que despedir a los chicos que me ayudaban”, cuenta con nostalgia.

Durante el encierro comenzó a tener problemas con su esposo, por lo que ambos decidieron separarse.

“Yo estaba asustada. Sin el negocio y con poco dinero y una hija a quien mantener, no sabía qué hacer. En ese momento mi mamá me dice que regrese a Moyobamba, que allá casa y comida no me iban faltar”, señala.

Aurora a pesar que trabajaba duro nunca descuidó sus estudios de enfermería. Logró ocupar el cuarto lugar de su promoción.

“Como ya no tenía el negocio y escuchaba por las noticias que necesitaban de enfermeras, porque pronto comenzaría la campaña de la vacunación, decidí presentarme a una convocatoria. Gracias a Dios me contrataron”, afirma.

Aurora actualmente trabaja en un hospital de Lima. Ya está ahorrando porque piensa abrir nuevamente un restaurante a fines de año. Se tiene fe.

Aurora actualmente trabaja como enfermera.

“Dormí en el piso durante dos meses”

Noral Trujillo en su natal Venezuela tenía casa, carro y todas las comodidades que una familia aspira. Sin embargo, por la crisis económica, política y social se vio en la necesidad de vender todo para huir de su país y empezar de nuevo.

Con solo dos mochilas en la espalda y 1 000 dólares que le quedaron luego de comprar los pasajes del viaje, Noral y sus 3 hijos menores partieron hacia el Perú en el 2018. Atrás dejó a su mamá y hermanos. Por esa razón, lloraba en secreto para que sus hijos no la vieran.

Tras seis días de viaje, Noral y sus hijos se establecieron en Trujillo. En esta ciudad, alquiló un pequeño departamento y compró una cocina y un refrigerador.

Noral y sus hijos llegaron al Perú con solo 1 000 dólares.

En Venezuela Noral había aprendido a hacer toda clase de dulces, así que cuando llegó al Perú salió a vender queques y donas.

“Al inicio la situación fue muy difícil. Apenas ganaba para comer. Como ya no tenía dinero, yo y mis hijos dormimos en el suelo durante dos meses. Gracias a Dios ellos nunca se enfermaron”, asegura.

Los trujillanos como los peruanos siempre se han caracterizado por ser solidarios. Por esa razón, Noral rápidamente logró hacerse de una clientela.

Con la llegada de la pandemia, Noral se vio impedida de salir a las calles para vender. Sin embargo, gracias a sus clientes, pudo seguir vendiendo a través de delivery.

“Como las ventas mejoraron, en octubre del 2020 decidí abrir mi propio negocio. Fue así como nació Dulces y Salados Noralys Trujillo”, sostiene.

En el 2021 Noral se inscribió en el proyecto Chance para Sumar de Cedro, donde se capacitó en administración y logró obtener un crédito para comprar una batidora industrial para su negocio.

Noral aprendió a hacer dulces en su natal Venezuela. No piensa volver a su país.

Con trabajo y perseverancia, Noral está logrando que su situación sea totalmente diferente a la del 2018 cuando llegó al Perú. Nos cuenta que ahora sus hijos están estudiando en buenos colegios, y que en su casa cada quien ya duerme en su propia cama. “Poco a poco estoy comprando mis cosas”, dice.

Noral asegura que no piensa regresar más a Venezuela. Qué está bien en Perú. Y que, si Dios quiere, este año traerá a su mamá.

Dulces y Salados Noralys Trujillo se localiza en la Urb. La Esperanza, calle Carlos Alviar 1160, Trujillo. La atención es de lunes a sábado de 8 a.m. a 8 p.m. Delibery todos los días. Teléfono 992-064-440.

SABÍAS QUE…

Con el objetivo de integrar la capacidad productiva de profesionales y técnicos venezolanos en el mercado laboral peruano, aprovechando sus habilidades y experticias en diversos rubros para complementar y potenciar la fuerza laboral del país, nació el proyecto Chance para Sumar.

Chance para Sumar es un proyecto de Cedro, que cuenta con el financiamiento de USAID, y consta de tres componentes:

1.- Formación y certificación

2.- Inserción laboral

3.- Capacidad emprendedora

En el 2021 el componente 1 certificó a 1 118 extranjeros luego de 26 cursos en Arequipa, Cusco, Trujillo, Ica y Lima.

Ese mismo año, el componente 2 insertó laboralmente a 117 extranjeros; mientras que el componente 3 logró empoderar a 141 familias y poner en marcha 65 emprendimientos.

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