Este domingo el Perú elige un presidente en un clima de profunda polarización

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Este domingo el Perú elige un presidente en un clima de profunda polarización

Ha sido una campaña sin propuestas profundas, con un incremento de la retórica y signada por el ataque.

Escribe: David Rico(@davidricoc)/Consultor Político

Este domingo 6 de junio el Perú decide su futuro en las elecciones presidenciales que se celebraran para definir quien dirigirá los destinos del país en los próximos años. De cara al balotaje, esta segunda vuelta se ha destacado principalmente por una fuerte y violenta polarización entre los seguidores de cada candidato. Un Perú que se ha caracterizado por una profunda crisis política, marcada por la inestabilidad y baja credibilidad en las instituciones democráticas, provocando una creciente desafección ciudadana.

La polarización se ha acentuado en el discurso de ambos candidatos presidenciales, sobre todo en el lado de Pedro Castillo que lo ha convertido en una marca primordial de su campaña. Dos bandos que se enfrentan y que cada día dibujan un escenario de guerra donde se enfrentan dos estilos de vida distintos, cada uno en su propia trinchera atacando al adversario y defendiendo su estilo de vida. Una campaña que divide a la sociedad peruana reconociendo al que piensa distinto como el enemigo y no como el adversario, colocando posturas irreconciliables y ajenas a la negociación propia de la acción política.

Keiko Fujimori ha centrado sus ultimas semanas en advertir sobre los peligros que conllevarían al futuro del Perú la elección de Pedro Castillo a quien ha calificado como “comunista”, induciendo al miedo como opción para movilizar al elector. Mientras que el candidato de Perú Libre, ha intentado disminuir sus ataques y moderar su discurso, para intentar atraer a los votantes más moderados y que pueden definir en las últimas horas su voto.

Pedro Castillo propone el cambio de la clase política tradicional y “corrupta”, busca movilizar al elector en función de construir un mensaje emotivo basado en el rencor, el odio y el revanchismo contra quienes han “destruido” el futuro de los peruanos, ha propuesto medidas populistas para atraer a las clases populares, encasillando a la candidata Keiko Fujimori en el marco de personalizar la vieja política a la que tanto ataca, por representar la posibilidad de reinstauración de la dictadura de su padre; en contrapartida la candidata Fujimori ha intentado construir un marco donde encapsula a su contrincante como el embajador de la política venezolana, alejando sus posibilidades de construir una propuesta coherente con las necesidades reales de los ciudadanos y centrando en muchos pasajes de su discurso en función del ataque contra su rival.

Ha sido una campaña sin propuestas profundas, con un incremento de la retórica y signada por el ataque, respondiendo a una regla fundamental en las campañas electorales de segunda vuelta. Las difamaciones, calificaciones y ataques son parte importante en toda segunda vuelta electoral, pero en el caso peruano se ciernen sobre la sociedad, los temores de la confrontación, la polarización y la división profunda de un pueblo que puede retomar los caminos de la violencia ya olvidados por grupos terroristas enterrados y olvidados, que hoy vuelven a la palestra política, avivando el miedo y la confrontación.

Queda a los peruanos elegir con claridad y responsabilidad, quien guiará sus destinos. De los líderes se espera que luego del 6 de junio inicie una necesaria y urgente etapa de reconciliación nacional que promueva la unión en función de contrarrestar los grandes males que aquejan al noble pueblo peruano.

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