Mientras Keiko defiende el sistema actual, Pedro Castillo se conecta con el ciudadano común

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Mientras Keiko defiende el sistema actual, Pedro Castillo se conecta con el ciudadano común

El candidato de Perú Libre se está convirtiendo en la esperanza de los más desposeídos, en cambio, la postulante opositora no logra simpatías, principalmente por construir un discurso alejado de las necesidades de la gente.

Escribe: David Rico (@davidricoc), consultor y CEO en Fábrica Política

La campaña en Perú para la segunda vuelta electoral, donde se enfrentan Keiko Fujimori de Fuerza Popular y Pedro Castillo de Perú Libre, se puede convertir en un antes y un después en la política peruana. Por un lado, se enfrenta un modelo continuista del Estado de derecho y las instituciones democráticas constituidas, mientras que del lado contrario, se presenta un proyecto revolucionario de izquierda, que pretende irrumpir en el escenario político como un modelo de cambio a la política tradicional imperante en el país.

Pedro Castillo se está convirtiendo en la esperanza de los más desposeídos, en especial de quienes han perdido la fe en un sistema que los ha apartado, un sistema que ha generado una enorme brecha social, en fin, un sistema que se ha olvidado de las grandes mayorías y la resolución de sus principales problemas. Ese cambio lo ha sabido encarnar con un discurso disruptivo, diferente y humilde, que lo acerca a los problemas cotidianos de la mayoría de los peruanos descontentos.

La campaña de Pedro Castillo cada día se hace más eficiente, en especial en el interior del país, donde obtiene una abrumadora mayoría sobre Keiko Fujimori quien solo domina en Lima y Callao, según la última encuesta de la Compañía Peruana de Estudios de Mercado y Opinión Política.

La campaña de Keiko Fujimori, por su parte, no logra generar las mismas simpatías que su contendor, principalmente por construir un discurso alejado de las necesidades cotidianas de los ciudadanos, defendiendo un sistema que no ha respondido socialmente a las demandas de la gente y que se observa como ineficiente y empobrecedor. Su discurso de defensa del sistema democrático, un sistema que si bien ha generado crecimiento económico y riqueza, ha sido incapaz de eliminar la enorme brecha de desigualdad que existe en el Perú.

En un país con profundas desigualdades, los discursos institucionales no funcionan; la campaña de Keiko Fujimori está destinada al fracaso si no logra bajar su discurso a los problemas cotidianos de los ciudadanos y no promueve la esperanza entre los votantes descontentos que aún no han decidido su voto. Con su discurso solo logrará mantener ese porcentaje de la población que quiere mantener el status quo que le ofrece el actual sistema, pero el resto del país rural y empobrecido no apoyará una candidata que no logra conectarse con ellos, que no les ofrece un país distinto al que ya conocen y no les ofrece soluciones reales a sus problemas. En ese sentido, la candidata de Fuerza Popular no ha sido capaz de generar un encuadre comunicacional que la acerque a lo cotidiano desde una óptica menos racional y más emotiva.

Cabe destacar que Keiko Fujimori cuenta con un gran techo de negativos que arrastra por el concepto del fujimorismo y los lastres de abuso de poder, violación de derechos humanos y la corrupción, que ha generado un alto porcentaje de ciudadanos en contra de apoyarla, aunque no deseen votar por Pedro Castillo.

La polarización favorece al extremo izquierdista que supone la candidatura de Pedro Castillo, quien ha logrado construir un framing (discurso) en función de derrotar los abusos del pasado y del presente; es decir, sacar de la pobreza a los ciudadanos marginados y olvidados por el sistema imperante con el manejo eficiente de su imagen como campesino conocedor de la tierra, que se desplaza a caballo, que come un tamal y es capaz de abrir las puertas de su casa, gestos que le han permitido ser visto como honesto, cercano e identificado con las grandes mayorías; imagen que le permite ser creíble.  

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