Ocho datos reales sobre la COVID-19 para combatir la desinformación cotidiana

La UNESCO se asocia con la presidencia del Centro Knight y la OMS en un seminario web para periodistas que informan de las vacunas COVID-19
enero 26, 2021
Gobierno decreta cuarenta en Lima Metropolitana a partir del 31 de enero
enero 27, 2021

Ocho datos reales sobre la COVID-19 para combatir la desinformación cotidiana

La COVID-19 no solo trajo muerte sino también una ola de desinformación. ¿Cómo enfrentar esta situación? Aquí te lo decimos.

Washington Post.-

Vivir una pandemia en la era de internet significa que, en ocasiones, la desinformación puede propagarse más rápido que los hechos.

Para ayudarte, hemos recopilado ocho datos reales sobre el coronavirus para tener en cuenta cuando escuches afirmaciones contrarias sobre ellos.

Realidad: Las mascarillas ayudan a prevenir la propagación del coronavirus

Varios estudios respaldan la teoría de que los recubrimientos faciales reducen el riesgo de infección. Robert Redfield, director de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC, por su sigla en inglés) de Estados Unidos, testificó ante el Senado de ese país en septiembre que los cubrebocas son “la herramienta de salud pública más importante y poderosa que tenemos” para combatir la pandemia.

Parte de la confusión sobre las coberturas faciales parece provenir de la falsa afirmación del expresidente de Estados Unidos, Donald Trump, en octubre pasado, de que 85% de las personas diagnosticadas con COVID-19 usaban mascarillas, una interpretación errónea de un estudio de los CDC.

Como bien explicó Fact Checker de The Washington Post, ese estudio comparó grupos de personas que habían dado positivo y negativo por el coronavirus y encontró que un porcentaje mucho mayor de los casos positivos habían tenido contacto cercano con alguien que se sabía tenía la COVID-19. Las personas en el grupo positivo también tenían más probabilidades de haber comido recientemente en un restaurante.

Según el estudio, en los 14 días previos a que se enfermaran, 71 % de los casos positivos y 74 % de los negativos reportaron que “siempre” utilizaron las mascarillas en público. Esos números son casi iguales, siendo la principal diferencia entre los grupos que un mayor porcentaje de los casos positivos tuvo contacto con una persona infectada.

Las mascarillas, por supuesto, solo funcionan cuando los utilizas. Lo que haces cuando te los quitas es importante. Alguien podría decir que “casi siempre” utilizó una mascarilla y aun así podría haber tenido momentos en los que tuvo que quitárselo en un lugar público como, por ejemplo, durante una cena.

Realidad: No se conocen curas para la COVID-19

Si bien una cura para la COVID-19 sería más que bienvenida, no se ha descubierto ningún medicamento o tratamiento para eliminar la enfermedad. Desde que el coronavirus surgió en China, a finales de 2019, han circulado innumerables rumores falsos sobre posibles curas, que van desde beber lejía hasta inhalar cocaína. La Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA, por su sigla en inglés) de Estados Unidos ha emitido casi 150 cartas de advertencia a compañías que de manera fraudulenta están prometiendo tener una cura, tratamiento, método de prevención o herramienta de diagnóstico.

En realidad, “las herramientas farmacéuticas con la que cuentan los médicos para tratar la COVID-19 están seriamente limitadas”, como lo ilustró Christopher Rowland del Post en septiembre del año pasado. Hasta ahora la FDA solo ha autorizado dos medicamentos para la enfermedad: remdesivir, para uso en hospitales, y bamlanivimab, para personas con síntomas leves o moderados.

Remdesivir parece proveer beneficios limitados, con pruebas de que acorta las estancias en los hospitales pero no de que mejore las posibilidades de supervivencia de un paciente. Los expertos en salud han expresado optimismo sobre la efectividad del bamlanivimab, pero el medicamento es escaso y logísticamente complicado de administrar.

Realidad: El coronavirus es más letal que la influenza

Desafortunadamente, el coronavirus es mucho más letal que la gripe estacional. Alrededor de 2 % de los casos diagnosticados de coronavirus son letales, en comparación con 0,1 % de los casos de gripe diagnosticados.

En ambas enfermedades, los expertos creen que hay muchas más personas infectadas que las que reciben diagnósticos oficiales, lo que significa que las verdaderas tasas de mortalidad son probablemente mucho más bajas. Los CDC estiman que, incluyendo a las personas que han sido infectadas con el coronavirus pero no lo sabían, la tasa de mortalidad en Estados Unidos es de alrededor de 0,65 %. La tasa de mortalidad por infección de gripe puede ser de aproximadamente 0,05 o 0,025 %, estiman los epidemiólogos.

Tampoco es cierta la idea de que los médicos están inflando el número de muertos por coronavirus al atribuir muertes de manera indiscriminada a la COVID-19. Para determinar una causa de muerte, los médicos consideran la infección del paciente, la respuesta al tratamiento y el historial médico. También analizan si las condiciones subyacentes, presentes en la mayoría de las personas que fallecen de la COVID-19, contribuyeron a la muerte.

La COVID-19 suele figurar como una causa contribuyente de muerte, mientras que la causa principal suele ser un problema precipitado por la enfermedad, como neumonía. El número oficial de muertes por coronavirus incluye esos fallecimientos porque la COVID-19 fue lo que estimuló los otros problemas de salud que mataron al paciente.

Realidad: Las vacunas candidatas contra el coronavirus no afectan el ADN de las personas

Dos vacunas candidatas a la espera de la aprobación de la FDA —una de la gigante farmacéutica Pfizer y la empresa de biotecnología alemana BioNTech, y otra de la compañía de biotecnología Moderna— son ejemplos de una nueva tecnología que utiliza un trozo de material genético llamado ARN mensajero. Ese ARNm le enseña a las células del cuerpo a construir la proteína que está en la superficie del coronavirus, lo que hace que el sistema inmunitario reconozca y bloquee el verdadero virus.

Esta innovadora tecnología contrasta con las vacunas tradicionales, que introducen en el sistema inmunitario una versión inactiva o debilitada de un virus. Pero a pesar de acusaciones que sugieren lo contrario, las candidatas a vacuna contra el coronavirus que utilizan ARNm no “afectan ni interactúan” con el ADN de una persona, según los CDC. Además, fuentes confiables de verificación de datos y de noticias, como Associated Press, BBC, PolitiFact y Poynter, han confirmado con varios científicos que las vacunas de ARNm no modifican el ADN.

“Eso es solo un mito, uno por lo general difundido a propósito por activistas antivacunas para generar deliberadamente confusión y desconfianza”, le dijo a Reuters Mark Lynas, profesor invitado del grupo Alliance for Science de la Universidad Cornell. “La modificación genética implicaría la inserción deliberada de ADN extraño en el núcleo de una célula humana, y las vacunas simplemente no hacen eso”.

Realidad: Quedarse en casa, usar desinfectante y lavarse las manos con más frecuencia es saludable

Ninguno de esos hábitos, que se recomiendan para prevenir la propagación del coronavirus, representa un riesgo para nuestro sistema inmunitario, a pesar de las afirmaciones que dicen lo contrario.

La idea equivocada de que limitar el tiempo que pasamos con personas fuera de nuestro hogar podría dañar nuestra capacidad para combatir enfermedades puede provenir de la “hipótesis de la higiene”, o la idea de que los niños pequeños que están expuestos a gérmenes tienen menos probabilidades de desarrollar alergias y enfermedades autoinmunes. Pero este concepto no aplica a los adultos, cuyos sistemas inmunitarios ya se han fortalecido por la exposición a bacterias, según MIT Medical, una clínica del Instituto Tecnológico de Massachusetts.

Si bien la hipótesis de la higiene probablemente también sea la causa de la falsa suposición de que el desinfectante y lavarse las manos debilitan nuestro sistema inmunitario, los científicos de la Clínica Cleveland afirman que no hay evidencia de que aumentar temporalmente estas rutinas de higiene sea perjudicial.

Anne Liu, doctora en enfermedades infecciosas y alergóloga/inmunóloga de Stanford Medicine, le dijo a Women’s Health que las personas deben asegurarse de humectarse las manos mientras se las lavan con más frecuencia, ya que la piel seca y agrietada puede facilitar la penetración de las bacterias.

Realidad: Los científicos creen que el coronavirus se originó en animales

Las afirmaciones de que el coronavirus fue creado por el hombre en un laboratorio chino siguen circulando, a pesar de que virólogos y funcionarios de salud pública han explicado repetidas veces que el genoma del virus sugiere que se generó de forma natural. Otros han sugerido que el virus se filtró de manera accidental de un laboratorio que estaba estudiando patógenos transmitidos por murciélagos en Wuhan, la ciudad donde se originó el coronavirus.

Fact Checker de The Washington Post investigó esas teorías en la primavera y descubrió que la mayoría de la evidencia científica apoya con firmeza la conclusión de que el virus no fue fabricado. El inmunólogo y microbiólogo Kristian Andersen, quien publicó un estudio sobre los orígenes del virus, dijo en ese momento que su investigación mostraba que el coronavirus “no es una creación de laboratorio ni un virus manipulado a propósito”.

Trevor Bedford, investigador en biología computacional y enfermedades infecciosas del Centro de Investigación del Cáncer Fred Hutchinson, le dijo a Fact Checker que el genoma del coronavirus no muestra indicios de que se hayan insertado o eliminado trozos de material genético, como sería el caso si los humanos lo hubieran alterado.

Las principales autoridades internacionales y estadounidenses de salud pública —incluyendo la Organización Mundial de la Salud, los CDC y la Oficina del Director de Inteligencia Nacional estadounidense— también han dejado en claro que la evidencia indica que el virus se produjo de forma natural.

En cuanto a la idea de que el virus se haya filtrado accidentalmente de un laboratorio, Fact Checker concluyó que era una posibilidad poco probable que las agencias de inteligencia seguían explorando. Si bien una filtración de un laboratorio requeriría de muchas coincidencias inesperadas, el gobierno chino no ha abordado con franqueza las preguntas sobre la labor de sus laboratorios en Wuhan.

Realidad: Pedirles a las personas de alto riesgo que se queden en casa y dejar que todos los demás tengan una vida normal no “resolverá” la crisis

Dejando de lado las cuestiones morales y éticas en juego, aislar a la población vulnerable y permitir que los demás sigan su cotidianidad como si nada, tiene grandes riesgos. La columnista del Post Megan McArdle describió alguno de los problemas, como que los hospitales probablemente seguirían saturados con personas de menor riesgo y el hecho de que es casi imposible evitar que las personas de alto riesgo interactúen con otras.

Si bien muchas personas jóvenes pueden tener casos asintomáticos o leves de COVID-19, la enfermedad puede ser grave para otras. Los pacientes de 49 años o menos representaron 23,1 % de las hospitalizaciones por COVID-19 en Estados Unidos en la semana que finalizó el 21 de noviembre, según datos de los CDC. Y aunque las personas con condiciones subyacentes son mucho más propensas a ser hospitalizadas o fallecer, las cifras de los CDC desde junio muestran que 7,6 % de los pacientes sin condiciones subyacentes fueron hospitalizados.

Dejar que las personas interactúen libremente, como si no hubiera una pandemia, permitiría que el virus se propagara por medio de la población con incluso mayor rapidez, agotando la capacidad de los hospitales ya de por sí saturados y exprimiendo a las y los trabajadores de la salud.

Aislar a la población vulnerable tampoco es práctico. Como señala McCardle en su columna, cerca de 21 % de estadounidenses de 65 años o más viven en un hogar multigeneracional, al igual que muchas personas con problemas de salud preexistentes.

Realidad: Los hospitales no tienen motivos para diagnosticar deliberadamente el COVID-19 de forma incorrecta

La mentira de que los hospitales tienen incentivos económicos para diagnosticar en exceso a las personas parece haber surgido de una entrevista que el senador de Minnesota Scott Jensen (republicano) realizó con Fox News en abril, en la que pareció sugerir que los hospitales podrían estar inflando sus cifras de coronavirus si recibían más reembolsos por esos pacientes.

La Ley de Ayuda, Alivio y Seguridad Económica por Coronavirus (CARES, por su sigla en inglés) incluyó una disposición para darle mayor reembolso a los hospitales por pacientes con coronavirus sin seguro y aquellos con Medicare, pero no existen pruebas de que los hospitales estén engañando al sistema. Jensen al final se retractó de su afirmación durante una entrevista con FactCheck.org, en la que dijo que no creía que los hospitales estuvieran clasificando erróneamente los casos de manera intencional para obtener beneficios financieros.

En parte porque el Congreso sabía que las tasas de reembolso de Medicare eran mucho más bajas que la de las compañías privadas de seguros, la Ley CARES le proporcionó a los hospitales un reembolso adicional de 20 % además de la tasa normal de Medicare para un paciente con coronavirus. La ley también creó un fondo de 100 000 millones de dólares para darle reembolsos a los hospitales por pacientes sin seguro médico a las tarifas de Medicare.

Aun así, un análisis realizado por Kaiser Family Foundation reveló que el fondo podría no ser suficiente para cubrir los costos de los no asegurados, así como de la compra de suministros médicos y la construcción de instalaciones médicas temporales. La realidad es que los hospitales probablemente están perdiendo dinero en pacientes con COVID-19 porque la enfermedad es difícil de tratar y muchos hospitales se han visto saturados por una oleada de personas que necesitan atención médica.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *