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La otra pandemia: La desinfodemia

Hace algunos días circuló por las redes una información que aseveraba que el Gobierno había determinado el uso opcional de las mascarillas. Conocido el hecho, el MINSA salió aclarar que esa noticia era falsa. Según la Red Internacional de Verificación de Hechos del Instituto Poynter, desde el 17 de marzo hasta el 10 de mayo, 8 noticias falsas y 2 engañosas sobre la COVID-19 circularon por la web en Perú.

Escribe: Raúl Vela

Las redes sociales durante la pandemia se convirtieron en una gran plataforma para informarse sobre la COVID-19, sin embargo, algunas personas lo usaron para desinformar.

Hace algunos días circuló por las redes una información que aseveraba que el Gobierno había determinado el uso opcional de las mascarillas. Esta información causó sorpresa, primero, y luego confusión.

Conocido el hecho, el Ministerio de Salud inmediatamente a través de su cuenta de Twitter aclaró que esa información era falsa. Y reiteró que el uso de la mascarilla, como implemento de bioseguridad, es obligatorio en espacios cerrados para prevenir la COVID-19.

Desde que el 6 de marzo último se conoció el primer caso de la COVID-19 en nuestro país, el interés de los peruanos por saber sobre esta enfermedad creció exponencialmente. Pasó de 6 búsquedas web ese día a 100 el 15 de abril.

A medida que la pandemia avanzaba por Perú, una circulación masiva de información falsa empezó a extenderse como el propio virus. El 17 de marzo se difundió por wasap que todo un piso del principal hospital peruano estaba infectado con la COVID-19; un día después, el 18, un exalcalde de Bogotá informó que el Perú acababa de nacionalizar hospitales y clínicas.

El 22 de marzo, también por wasap, corrió la noticia de que EsSalud estaba ofreciendo ayuda monetaria a algunas personas incluidas en la lista para soportar la cuarentena.

El 6 de abril, un químico farmacéutico peruano Juan Panay se presentó en YouTube afirmando que la sal de gárgaras mata al coronavirus al alterar el pH de la garganta. La noticia, que fue recogida por el portal Maldita.es y rebotó en varios medios peruanos, llevó al Ministerio de Salud a tener que publicar una nota para aclarar que la sal no cura la COVID-19.

Un mes después, el 6 de mayo, 4 fotos se volvieron virales en las redes sociales, principalmente en Facebook, con el mensaje: “Asesinado por COVID-19 arrojado al agua en Ecuador estaría causando la muerte de peces en Perú”. La información elaborada por el portal colombiacheck.com tuvo que ser rectificada por el medio al comprobar que los cuerpos en una playa no son muertos por COVID-19.

Según la Red Internacional de Verificación de Hechos del Instituto Poynter, desde el 17 de marzo hasta el domingo 10 de mayo, 8 noticias falsas y 2 engañosas sobre la COVID-19 circularon por la web en Perú.

Si bien el número de informaciones falsas y engañosas en nuestro país es poco, en un contexto de la COVID-19, los efectos de estas dos modalidades pueden ser de igual manera mortales.

La desinfodemia

En el marco del Día Mundial de Libertad de Prensa, celebrado el pasado 3 de mayo en Ecuador, Saadia Sánchez Vega, directora de la oficina de la Unesco en Quito, mencionó que la crisis de la COVID-19 ha colocado en el centro del escenario lo que la Unesco ha llamado la “desinfodemia”, una epidemia de información falsa que ha originado devastadores efectos emocionales en muchas personas, sobre todo cuando estas noticias provienen de actores influyentes.

Las estadísticas que permitan identificar las tendencias sobre el alcance y la difusión de la desinfodemia son escasas, sin embargo, las cifras que la Unesco ha encontrado actualmente apuntan a un alcance y difusión en escala masiva. Así tenemos, por ejemplo:

a.- Sobre la base de un análisis de aprendizaje automático de 112 millones de posteos públicos realizados en 64 idiomas en distintas redes sociales, todos relacionados con la COVID-19, los investigadores de la Fundación Bruno Kessler detectaron que un 40 % de los mensajes provenían de fuentes poco confiables.

b.- Por su parte, la Fundación Observatorio de Infodemia Covid-19, que utilizó técnicas de aprendizaje automático, encontró que casi el 42 % de los más de 178 millones de tweets relacionados con la COVID-19 fueron producidos por bots (robots).

c.- Unos 19 millones de los casi 50 millones de tweets relacionados con la COVID-19 y analizados mediante inteligencia artificial (38 % del total) por Blackbird. Al fueron considerados como “información o contenido manipulado”.

d.- Otro estudio, esta vez del Instituto Reuters realizado en seis países, detectó que un tercio de los usuarios de redes sociales han informado haber leído información falsa o engañosa sobre la COVID-19.

¿Cómo hacer frente a este escenario?

Liliana Elósegui, de Verificado México, dijo que ante la creciente ola de desinformación de la COVID-19 en los países de América Latina, los equipos periodísticos en el mundo deben reforzar la disponibilidad de herramientas relevantes y educar a las audiencias a cerca de la verificación de contenidos, para fortalecer las defensas ciudadanas ante la desinfodemia.

César Ricaurte, director ejecutivo de Fundamedios, apunta que los periodistas son cruciales como guías de la ciudadanía para tomar decisiones informadas. “Ahora más que nunca necesitamos que los medios de comunicación documenten lo que está sucediendo”, dice.

En los libros “Manual de Verificación” y “Manual de Verificación para informes de investigación”, el editor Craig Silverman recomienda a los periodistas para no caer en los engaños de la desinformación pensar como el adversario; es decir, observar los contenidos y los mensajes digitales para considerar las motivaciones que impulsan su creación y propagación.

También sugiere analizar los objetivos de los actores, como contenido, comportamiento y documentos que podrían estar trabajando al unísono como una red.

“Al comparar y contrastar estas cuatro variantes entre sí, se puede comenzar a comprender lo que está sucediendo”, sostiene.

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