Plan de seis puntos para proteger a nuestros niños

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Plan de seis puntos para proteger a nuestros niños

Para evitar que la crisis de la COVID-19 se convierta en una crisis de los derechos de los niños, se requiere con urgencia una acción mundial coordinada.

Los progresos hacia el logro de los Objetivos de Desarrollo Sostenible registran retrocesos y los niños siguen sufriendo las peores consecuencias. Sin una acción mundial coordinada para evitar, mitigar y responder a los efectos de la pandemia, las repercusiones para los niños de hoy, y para las generaciones futuras, serán sumamente graves.

Este plan de seis puntos propone varias acciones prácticas y concretas para unir al mundo en torno a una causa común: el pleno cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible y la Convención sobre los Derechos del Niño.

Para lograrlo, los encargados de adoptar decisiones deben comenzar escuchando a los niños y a los jóvenes, y vinculándolos a la toma de decisiones. Estos niños y jóvenes –en especial las niñas; los niños y niñas que viven en medio de la pobreza, la exclusión o la violencia; los que tienen discapacidades; los que han resultado afectados o desplazados a causa de las crisis humanitarias; y los niños privados del cuidado de sus padres– sufrirán el impacto de esta pandemia durante décadas. UNICEF hace un llamamiento para que se tomen las siguientes medidas a nivel mundial:

1.-Velar por que todos los niños puedan aprender, incluyendo la reducción de la brecha digital

En los momentos más críticos de la pandemia, el cierre de las escuelas interrumpió el aprendizaje del 91 % de los estudiantes de todo el mundo. Los niños marginados llevan la peor parte; de hecho, alrededor de 463 millones de niños y jóvenes no tuvieron acceso al aprendizaje a distancia durante los cierres escolares. Además, como se ha observado a raíz de cierres anteriores, los niños –especialmente las niñas– que dejan de asistir a la escuela durante períodos prolongados tienen menos probabilidades de volver a estudiar.

Ante esta problemática, la Unicef insta a los gobiernos aliados a dar prioridad a la reapertura de las escuelas y tomar todas las medidas posibles para hacerlo en condiciones de seguridad y para mantenerlas en funcionamiento. Asimismo aumentar la financiación para la educación y velar por la igualdad de acceso a una educación de calidad y libre de violencia, con el propósito de que todos los niños puedan aprender. Esto exigirá centrarse en los niños más marginados, entre ellos las niñas, los niños que están en tránsito y aquellos cuyas vidas corren peligro, los niños que tienen discapacidades y los que viven en comunidades rurales o sin acceso a Internet.

También insta cerrar la brecha digital para que todos los niños y los jóvenes tengan conexión a Internet en 2030, y beneficiar a 3.500 millones de niños y jóvenes con un acceso seguro, de calidad, accesible y equitativo al aprendizaje en línea. Y proteger las escuelas y los espacios de aprendizaje contra los ataques y hacer que los responsables rindan cuentas de sus actos.

2.-Garantizar el acceso a servicios de salud y nutrición, y lograr vacunas asequibles y disponibles para todos los niños

Se avecina una crisis de supervivencia infantil, pues la situación de los niños más expuestos al hambre y a las enfermedades se ha agravado debido a la presión que la COVID-19 está ejerciendo sobre los ya frágiles sistemas alimentarios y de salud. Una respuesta fragmentada y desigual al tratamiento y la vacunación contra la COVID-19 solo prolongaría la pandemia.

En ese sentido, la Unicef pide garantizar con urgencia la continuidad de los servicios esenciales de salud y nutrición para los niños y los jóvenes –especialmente, la vacunación sistemática–, dando prioridad a los que se encuentran en lugares de difícil acceso. También unirse para combatir la difusión de información errónea y recuperar la confianza en la inmunización sistemática.

Recopilar datos desglosados por género, edad y discapacidad sobre los niños y los jóvenes –incluidos los que han contraído la COVID-19–, es para Unicef importante para invertir en investigación y para comprender mejor sus repercusiones sobre su salud y bienestar. Así como lograr que todos los niños y los jóvenes tengan acceso asequible y equitativo al diagnóstico, el tratamiento y la vacuna contra la COVID-19, sin importar dónde vivan y como parte de un conjunto integral de servicios básicos de salud.

3.-Apoyar y proteger la salud mental de los niños y los jóvenes, y poner fin al abuso, la violencia de género y el abandono

El mundo está tomando conciencia de la magnitud del problema del maltrato y el abandono de los cuales son víctimas los niños, y de sus consecuencias prolongadas. Pero la crisis de la COVID-19 no ha hecho más que exacerbar la violencia, la explotación y el abuso, debido a que los niños, al tiempo que sufren la presión que afecta a sus familias, sumidas en la confusión, quedan privados de servicios de apoyo fundamentales. Las niñas son particularmente vulnerables, y las tasas de matrimonio precoz y embarazo en la adolescencia ya van en aumento.

A los gobiernos y aliados, el organismo solicita integrar la financiación sostenible de la salud mental y la atención psicosocial de los niños en todas las respuestas humanitarias a nivel mundial, y comprometerse a incrementar la financiación plurianual para responder más eficientemente a las necesidades de protección de los niños en situación de crisis.

Asimismo priorizar en las actividades humanitarias mundiales la prevención de la violencia por razón de género y la respuesta a este flagelo, y aumentar la financiación para las intervenciones específicas en materia de género. De igual manera, invertir en servicios de apoyo psicosocial y salud mental con perspectiva de género para los niños, los jóvenes y sus cuidadores, que incluyan apoyo a los padres que lo necesiten y reforzar las líneas telefónicas de ayuda a los niños, así como otros mecanismos de denuncia centrados en ellos.

4.-Ampliar el acceso al agua potable, el saneamiento y la higiene, y luchar contra la degradación del medio ambiente y el cambio climático

Es posible que el cambio climático no haya causado directamente la COVID-19; sin embargo, existen fuertes vínculos que apuntan a la degradación medioambiental como un factor de riesgo subyacente. La falta de un abastecimiento fiable de agua salubre debido a los cambios de clima también limita la capacidad de la gente para observar medidas de higiene que pueden salvar vidas, como el lavado de las manos. Nuestra vulnerabilidad ante esta pandemia ha puesto de relieve el peligro que implica no tomar medidas inmediatas contra la degradación del medio ambiente y el cambio climático.

El Unicef insta a los gobiernos y aliados a garantizar el acceso  universal al agua no contaminada y al lavado de las manos para los niños y las familias por medio de políticas nacionales, la cooperación del sector privado, el compromiso de la comunidad y los cambios de comportamiento.

Además, integrar los derechos del niño en las estrategias, las políticas y los documentos de planificación nacionales claves en materia de cambio climático y adaptación –como las contribuciones determinadas a nivel nacional y los planes nacionales de adaptación–, al igual que la respuesta a la COVID-19, los planes de recuperación y los presupuestos. Y seguir trabajando y supervisando los progresos hacia el logro de las metas centradas en el clima y el medio ambiente descritas en los Objetivos de Desarrollo Sostenible y el Acuerdo de París.

5.-Impedir el aumento de la pobreza infantil y promover una recuperación inclusiva

La crisis económica provocada por la COVID-19 amenaza con afectar más gravemente a los niños; en efecto, se prevé que el número de niños que viven por debajo de las líneas de pobreza de sus países aumente en 140 millones a finales del año. Las crisis económicas suelen derivar en recortes en el gasto público que repercuten adversamente en los programas para la infancia. De repetirse este patrón a nivel mundial como resultado de la COVID-19, la pobreza y las privaciones que padecen los niños se seguirán intensificando, incluso después de que la crisis inmediata haya cedido. Para evitar que muchos más niños lleguen a niveles de pobreza que no se han visto desde hace muchos años, es imprescindible contar con un plan de recuperación inclusivo.

En este punto, Unicef solicita a los gobiernos obtener recursos mundiales para asegurar una recuperación inclusiva y con perspectiva de género, y apoyar las respuestas fiscales de los países que dan prioridad a los niños y a sus familias; esto es, mantener o incrementar los compromisos de ayuda exterior, identificando nuevas opciones de financiación para contextos específicos y dirigiendo la financiación a los países más afectados y con menos posibilidades de asumir nuevos préstamos.

Tomar medidas medidas respecto del alivio de la deuda; por ejemplo, ampliando la suspensión del servicio de la deuda a los países de medianos ingresos. Lograr una acción coordinada con todos los acreedores para reestructurar y, de ser necesario, reducir la deuda.

Igualmente, incluir nversiones en servicios fundamentales para los niños y los jóvenes, como parte de los paquetes de medidas de estímulo a nivel nacional, y blindar el gasto actual en los niños más vulnerables. Y ampliar el alcance de los programas sólidos de protección social en beneficio de los niños más vulnerables y sus familias, entre los cuales figuran las transferencias en efectivo para todos los niños y los servicios de asistencia asequibles, de calidad y adecuados a sus necesidades.

6.-Redoblar los esfuerzos dirigidos a proteger y apoyar a los niños y a las familias que viven en situaciones de conflicto, desastre y desplazamiento

Incluso antes de la COVID-19, se consideraba que en 2020 muchas más personas que nunca requerirían asistencia humanitaria. La pandemia ha acentuado las vulnerabilidades de los niños migrantes, desplazados y refugiados, al igual que las de los niños que viven en países afectados por crisis. Y ya sea como resultado de un conflicto activo o de nuevas restricciones a causa de la pandemia, cada vez es más difícil llegar a los niños más vulnerables con servicios esenciales que tienen la capacidad de salvar vidas. La COVID-19 no debe convertirse en una excusa para dejar de atender a estos niños.

Unicef finalmente insta a los gobiernos a incrementar y mantener la financiación para emergencias, a fin de evitar que se presenten crisis múltiples, catastróficas y prolongadas, y para salvar vidas infantiles, aliviar el sufrimiento de los niños y preservar su dignidad. En todas las respuestas humanitarias, priorizar los derechos de los niños y su protección, de conformidad con los Compromisos Básicos para la Infancia.

Garantizar el acceso inmediato y sin restricciones de la ayuda humanitaria. Poner fin  fin a los ataques contra los niños, contra la infraestructura civil crítica para su supervivencia –como los centros de salud y las instalaciones de agua y saneamiento– y contra el personal de salud, y hacer que los responsables rindan cuentas.

De igual modo, incluir a los niños desplazados internos, refugiados y migrantes en los sistemas, las políticas y los planes nacionales, comenzando con las iniciativas en materia de recuperación y respuesta a la COVID-19. Y luchar contra el virus y no unos contra otros.

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