Quedarse en casa aumentó el riesgo de sufrir violencia

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Quedarse en casa aumentó el riesgo de sufrir violencia

Organizaciones defensoras de los derechos de las mujeres consultadas para esta investigación advierten un incremento en los niveles de crueldad y letalidad por parte del agresor en contra de las mujeres.

Informe especial

El hogar durante la pandemia del coronavirus se ha convertido en el lugar más inseguro para las mujeres. Datos del Ministerio de la Mujer de Perú revelan que en 8 meses (marzo-octubre) han atendido 18 778 casos, 30 % más que el 2019.

Una reciente investigación hecha pública con motivo del Día Internacional contra la No Violencia contra la Mujer, y publicada en la lupa.press, da cuenta que alrededor de 243 millones de mujeres, entre 15 a 49 años, padecieron violencia sexual o física por parte de su pareja en el último año, «una violación de los derechos humanos que también conlleva un costo económico de 1,5 billones de dólares», afirma ONU Mujeres.

Así que cuando los Estados respondieron a la emergencia sanitaria mundial y pidieron a la población quedarse en casa para evitar contagiarse por la COVID-19, olvidaron las alarmantes cifras oficiales y los llamados de las organizaciones de la sociedad civil, quienes advertían que el hogar sigue siendo el lugar más inseguro.

Desde el confinamiento mujeres y hombres fueron afectados por mayores niveles de ansiedad y depresión, tal como lo advierten especialistas consultados en esta investigación. En el caso de las mujeres, la vulnerabilidad fue mayor. Las víctimas quedaron atrapadas con su agresor en ambientes que se hicieron cada vez más hostiles y conflictivos.

En consecuencia, la violencia se intensificó y las denuncias o llamadas relacionadas con violencia doméstica se incrementaron, de manera dramática, a medida que las economías colapsaron y el desempleo creció en el mundo. La situación también aumentó dramáticamente para los sectores más empobrecidos de la sociedad que se quedaron sin la garantía de un sustento diario en el caso de América Latina.

Violencia en el mundo

Los primeros reportes de violencia de género registrados desde el mes de marzo en países de Europa, como Reino Unido, reportaron un aumento de 65 % de las llamadas de emergencia solo en un fin de semana. Una situación muy similar a lo vivido en Francia, Alemania y en otros continentes como reportó la ONU.

Como efecto dominó, el aislamiento obligatorio en la mayoría de los países de Latinoamérica significó un incremento de la carga de trabajo en los hogares, aunado al cierre de escuelas y de las afectaciones de los diversos sectores de la economía. En particular para las mujeres en la región, quienes antes dedicaban entre 22 y 42 horas semanales a las actividades del trabajo doméstico y de cuidados no remunerados. Ahora en casa dedican el triple del tiempo que hacen los hombres a las mismas tareas, de acuerdo con el informe «La pandemia de la COVID-19 profundiza la crisis de los cuidados en América Latina y el Caribe de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal)».

Bajo este escenario se dieron situaciones de violencia que, posteriormente, escalaron a niveles mortales, donde agresores y feminicidas fueron principalmente parejas o exparejas de las víctimas en la mayoría de los países latinoamericanos.

«En Ecuador, Uruguay y Perú este tipo de feminicidios supera 85 % del total en el país», indicó Alicia Bárcena, secretaria ejecutiva de la Cepal en el informe «América Latina y el Caribe ante la pandemia de la COVID-19 Efectos económicos y sociales e impacto en la vida de las mujeres».

Respuestas de los Estados

Durante el confinamiento mundial los Estados pusieron en marcha la reactivación de servicios permanentes las 24 horas del día, y 7 días a la semana, para brindar apoyo psicológico y legal a las mujeres tanto de manera virtual como telefónica.  Sin embargo, los datos recabados en esta investigación muestran que la mayoría de los poderes ejecutivos dieron prioridad a la atención de la crisis sanitaria generada por la COVID-19, por encima de los riesgos que enfrentaban mujeres, niñas y adolescentes durante la aplicación de las medidas de aislamiento obligatorio.

En Brasil, las mujeres fueron agredidas mayormente con cuchillos.

La mayoría de las decisiones para crear algunas estrategias que atendieran de manera más oportuna a las víctimas se dieron, luego de los primeros reportes de violencia en países como Argentina y Chile. En otros fue evidente la ausencia de planes especiales.

De allí el llamado de los organismos internacionales como la Organización de las Naciones Unidas, quien exhortó a los Estados a tratar el tema de la violencia de género como un asunto de salud pública con la misma importancia con la que se atiende la otra pandemia: el coronavirus. La advertencia tenía como antecedente la experiencia de otras crisis sanitarias en el pasado como por ejemplo, lo sucedido durante la crisis del Ébola en África, donde mujeres, niñas experimentaron mayores tasas de violencia física y psicológica en el seno de sus familias, según el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo.

António Guterres, secretario del organismo, manifestó su preocupación por el «estremecedor repunte global de la violencia doméstica» y por el número de «centros para víctimas de violencia de género cerrados». En consecuencia, «instó a todos los gobiernos a que la prevención y la reparación en los casos de violencia contra las mujeres sean una parte vital de sus planes nacionales de respuesta contra la COVID-19», así como asegurar «que los sistemas judiciales sigan enjuiciando a los maltratadores».

Algunos indicadores reportados en la investigación

Entre los datos recopilados en esta investigación realizada en 20 países de habla hispana y Brasil se detalla el aumento de las denuncias por abusos sexuales contra menores de edad en países como Cuba, Perú y Colombia. En especial, hacia poblaciones pertenecientes a comunidades indígenas, afrodescendientes y en edades menores de 15 años.

Tal como lo señala la Comisión Interamericana de Mujeres de la Organización de Estados Americanos en su informe COVID-19 en la vida de las mujeres, «el confinamiento hace que las niñas estén más expuestas al abuso y la violencia, a lo que se adiciona el riesgo de abandono y exclusión escolar post pandemia».

Los reportes diarios de abusos sexuales dentro de las parejas fueron muy frecuentes en Costa Rica, según datos de la organización Casa de la Mujer, una ONG que brinda apoyo a víctimas en ese país.

En Brasil, expertas observaron un mayor grado de letalidad en los ataques con cuchillos, verduguillos, tijeras y objetos de perforación en momentos de confinamiento, según un vocero del Juzgado de Violencia Doméstica y Familiar contra la Mujer de Río de Janeiro.

En México, mientras el Ejecutivo aseguraba que la violencia machista se había reducido en el tiempo de aislamiento, las organizaciones reclamaron por la muerte violenta de 1 641 mujeres, de las cuales el Estado reconoce solo 211 feminicidios entre marzo y mayo de 2020 por las diferencias en los criterios legales que imperan en cada entidad del país, al momento de tipificar este delito.

Otra de las situaciones que se vivieron en la cuarentena fue la pérdida de espacios que las mujeres habían conquistado en el pasado como ocurrió con casas de refugio en Bolivia, en Santa Cruz, destinadas para brindar asistencia a mujeres víctimas de violencia física y psicológica por parte de sus parejas. En cuarentena, el lugar fue sustituido para brindar atención a personas afectadas por la COVID-19.

La aplicación de las medidas de aislamiento obligatorio impuestas por las autoridades que restringen la movilidad de las personas incluso por género, día y hora como en el caso de Panamá, donde las mujeres solo podían salir determinados días y horas, dejó a muchas en casa golpeadas y confinadas junto a su agresor, porque no le correspondía salir ese día.

En Argentina, donde se contabilizaron 82 asesinatos hasta finales de junio, según las organizaciones Mujeres de Negro y Mujeres de la Matria Latinoamericana, las víctimas fueron afectadas por la falta de refugios temporales.

En Puerto Rico, Cuba, Chile y Perú, además de otros países, organizaciones de mujeres registraron casos de violencia obstétrica en contra de embarazadas que quedaron incomunicadas y a quienes se les obligó a tener sus partos sin la compañía de algún familiar, como consecuencia de las medidas sanitarias aplicadas por la emergencia.

Estos datos y más son algunos de los hallazgos que dejó esta investigación realizada en 21 países durante la cuarentena mundial.

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