Las últimas horas de Diego

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Las últimas horas de Diego

Escribe: Pablo Pisani/Argentina

Se nos fue. Nos dejó el tipo que marcó una época. El genio que pintó las canchas como nadie, el que dibujó sonrisas con una pelota.

Diego Armando Maradona ya se abraza con Dios, seguramente le habrá agradecido por haberle prestado su nombre aquí en la Tierra. Pelusa vivió a su manera, al taco, siempre a mil. Y nos soltó la mano un mediodía, en silencio, cuando nadie lo esperaba.

Hoy todos somos hijos de la lágrima, el llanto nos desborda. ¿Diego ya no está? No se puede creer. Pero es así. Sus últimos días fueron tan cambiantes como su vida toda, y sus últimas horas se consumieron en la casa del Country de Tigre que le habían alquilado para que se recuperará en paz.

No pudo ser. La evolución venía siendo tan favorable que nadie esperaba este desenlace. Su entorno, sus médicos, su familia, todos confiaban en una pronta mejoría porque lo veían entero.

El viernes pasado le habían sacado los puntos, todo pintaba fenómeno. Fue el 3 de noviembre cuando entró al quirófano de la clínica Olivos. Una junta médica armada de urgencia se hizo cargo de la cirugía. El hematoma subdural en el sector izquierdo de su cráneo era un tema. Y salió de esa, otra vez la Mano de Dios. Todo fue un éxito. Después de una semana le dieron de alta, todas eran sonrisas. Los médicos estaban chochos con la evolución del astro, que siempre pareció a prueba de balas. Pero esta vez no le aguantó el corazón.

El 25 de noviembre de 2020 no será un día más en la historia. Es el día en que se nos fue. El día de la mayor desgracia para el deporte mundial. Diego ya no está, seguramente estará haciendo jueguitos para Dios, a lo mejor se arma un fulbito con los ángeles.

Ese 25 de noviembre Maradona se levantó temprano, como cualquier otro día de estos últimos que venía viviendo. Desayunó algo, caminó un poco y unas horas después volvió a recostarse, como solía hacerlo para descansar y recuperar energías. Controlado por un psicólogo, un psiquiatra y su enfermera personal. Diego debía levantarse al mediodía para tomar un medicamento. Nunca ocurrió. Cuando la enfermera intentó despertarlo, lo encontró descompensado, desvanecido. La reacción inmediata fue llamar a la ambulancia. Según testigos del barrio y algunos medios, un médico vecino fue el primero en socorrerlo, pero esa versión fue desmentida rápidamente. Y fueron llegando las ambulancias. Nueve en total: no había nada que hacer. El corazón del mejor jugador de todos los tiempos no aguantó más. Se nos fue Diego. Un paro cardiovascular se lo llevó para siempre.

Maradona fue entrenador del Gimnasia de La Plata.

En los últimos días Pelusa era otro Pelusa. El día de su cumpleaños 60, el 30 de octubre, no dejó una buena imagen cuando fue a la cancha por el partido que tenía que jugar su Gimnasia contra Patronato. Se lo vio abatido, sin fuerzas. El lunes siguiente su médico personal, Leopoldo Luque, decidió internarlo en La Plata, para estabilizarlo y que se recuperara de una anemia.

Diego andaba bajoneado, por el encierro, por la pandemia, porque la covid-19 lo había alejado de su amor, el fútbol.

Una tomografía que pidió Luque acercó más malas noticias: el famoso hematoma. Y la historia conocida.

Parecía que Diego le estaba ganando otra vez a la muerte. Pero su cuerpo se bancó mucho desorden durante su vida. Hacía años que se había apartado de las drogas, pero en la actualidad el alcohol no lo dejaba ser feliz. Por eso el plan de la familia y de su entorno de controlarlo las 24 horas. Por eso enfermera y psicólogo.

Pero la vida del astro dijo basta al mediodía de ayer. La hora y pico que duraron los intentos de reanimarlo fueron desgraciadamente en vanos. Ningún esfuerzo médico sirvió. Dios había llamado a su puerta. Tenerlo en la gloria. Señor. Y gracias por haberlo hecho argentino.

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