El desafío ante la ciberdelincuencia

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El desafío ante la ciberdelincuencia

Escribe: María Elena Cantú/México

Cuando Europol publicó hace unas semanas, en el Informe «Iocta 2020» que durante la crisis de la COVID-19 los cibercriminales innovaron su modus operandi para explotar la situación con nuevos vectores de ataques, afectando especialmente a las víctimas más vulnerables como lo son los menores, las alarmas se prendieron en todo el mundo.

Si el desafío en la persecución de los ciberdelitos ya era enorme, ahora es mayúsculo, coinciden expertos en Informática Forense latinoamericanos.

El hecho de que no todos los países están alineados al Convenio de Budapest (un instrumento internacional que nació ante la necesidad de una política penal común con el objeto de proteger a la sociedad frente a la ciberdelincuencia), hace que muchas veces las investigaciones, cuando son en diferentes países, o son perpetrados desde otras jurisprudencias, no tengan buen fin, señala André Loyola, especialista en Informática Forense de Perú. 

En Internet no existen fronteras, se puede comprar un dominio a una empresa de un país, montarlo en algún servidor comprado en un segundo país y cometer el delito en un tercero. «Pero si hablamos además de que la información está cifrada, se vuelve bastante complejo», explica Luis Pedro García Yáñez, perito en Informática y Acústica Forense en México. 

Se necesitan más recursos humanos, más especialización, recursos tecnológicos, contar con las herramientas adecuadas para recabar este tipo de información para que luego pueda ser llevada a juicio, agrega Loyola, director de Forense Digital en Laboratorio Forense y Servicios Periciales Hans Gross SAC en Perú.

Y es que una eficaz persecución de los ciberdelincuentes depende en buena medida de la investigación pericial.

Guido Rosales, especialista en Informática Forense de Bolivia, explica la labor de los peritos ante conductas como el ciberacoso: «una vez abierta la denuncia, apoyamos para identificar al posible autor porque normalmente están camuflados, con identidades falsas o robadas. Una parte de nuestro trabajo es ayudar en la investigación digital. Cuando se ha podido localizar a un posible autor se inicia un proceso legal, y esa es la otra parte de nuestro trabajo, que consiste en peritar los objetos digitales del sospechoso, como su celular, sus computadoras y cuentas. Los analizamos y tratamos de establecer si existe relación entre la evidencia digital, el probable atacante y la potencial víctima», puntualiza.

En opinión de Yefrin Garavito, director de la Unidad de Investigación Criminal de la Defensa de Colombia, el «más grande desafío es la falta de cooperación institucional de las entidades privadas con las autoridades judiciales, ya que estas entidades en muchas oportunidades no entregan la información completa a tiempo y se pierden datos valiosos para continuar con las investigaciones, por ejemplo, en las redes sociales».

Para el criminalista colombiano entre las medidas de prevención que pueden adoptar los usuarios está la protección de la información. «No dejar públicos nuestros datos en las redes sociales», así como la custodia de los padres a los jóvenes «para que no continúe el abuso y el acoso a través de Internet».

Tiene que haber una capacitación de los usuarios para asegurar las tecnologías, que te des cuenta de que no solo es sentarte y abrir un Zoom, sino preguntarte qué ve de ti el interlocutor a través de la cámara, apunta García Yáñez, fundador de R4ptor, empresa de ciberseguridad y cómputo forense en México.

Recomendamos que constantemente estén verificando las cuentas con todos los controles que pueda tener la red, concluye Rosales, experto forense de Bolivia.

Una respuesta global ante un enemigo común, parece ser la salida.

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